Trance hiperbólico
“I won’t let this build up inside of me”
Jamás di unos pasos tan desgraciados como los de esa noche, ni mis pies se desgastaron tanto por una causa tan perdida.
Comenzó como a las siete y media. Lo que se supone serían como diez minutos se habían extendido un poco más. Nora no me había marcado aún. Decidí dar una vuelta para investigar.
En mi lectura de la situación, entendía que si me acercaba y el papá del niño aún estaba en la casa podía haber problemas, así que tracé una ruta que pasaba por una esquina desde la que se podía ver la casa a una buena distancia. Caminaría con casualidad por aquel recorrido y volvería por otra calle hasta regresar a mi coche. Serviría para relajar la ansiedad y estirar un poco las piernas.
Al pasar por la esquina vi un auto estacionado al frente de la casa, lo que indicaba que él todavía estaba ahí. No que fuese inusual, solo no era lo que Nora me había comentado. Completé el recorrido y decidí esperar unos minutos más en el parque. Diez, veinte; nada. Decidí dar una vuelta para echar un vistazo. Lo mismo.
Pasé a una tienda a comprar unos chicles. Nada dice mejor “no estoy ansioso” como una persona masticando chicle.
No había llamadas.
Revisé la señal de mi teléfono e hice un par de llamadas, no al número de Nora desde luego. Si algo serio o importante estaba pasando no quería interrumpir, porque debía serlo, no se podía explicar de otro modo que Nora no me hubiese marcado antes o al menos contado por un mensaje que le tomaría un poco más de tiempo. Tampoco podía ser algo grave, después de todo la casa se veía tranquila. ¿O era mi imaginación? Decidí dar otra vuelta para revisar.
La noche ya había caído, las luces del alumbrado comenzaban a iluminar las calles de la colonia, al tiepo que se prendían también luces en algunas casas. En la de Nora ya estaban prendidas las de la sala y la cocina.
No había llamadas.
Todo debía estar bien, solo no conforme lo planeado. Si se habían presentado asuntos que resolver solo tenía que decirse ¿no? Marqué el número de Nora para averiguarlo. No entró la llamada.
Los escenarios lógicos y racionales comenzaban a agotarse, dando lugar a otros más absurdos, o algunos lógicos todavía, pero que no quería imaginar. Tampoco podía quedarme en mi coche sin hacer nada. ¿Que se vería más sospechoso? Pensé que pasaría más desapercibido si caminaba por ahí que si permanecía encerrado en el auto. Si ya iba a caminar, podía aprovechar para revisar que todo estuviera bien. Decidí dar otra vuelta para echar un vistazo. Lo mismo.
No había llamadas tampoco.
Ya para entonces las pausas dejaban de tener sentido. Las únicas condiciones de paro serían: que Nora me llamara, o que aquel auto se marchara. Terminé la vuelta, y comencé otra. La caminata se convirtió en órbita, y aquella casa en su perihelio. Apretaba el paso al acercarme, con la ansiedad de ver si algo cambiaba, solo para doblar la esquina y caminar más despacio después de comprobar que todo seguía igual.
Estaba ya en pleno trance. Dejé de contar las vueltas y ver el reloj. Escuchaba en mis audífonos música al ritmo de mis pasos y mis pensamientos. Solo una llamada podía detenerme.
Los negocios comenzaron a cerrar y algunas luces en las comenzaban a apagarse. En el trayecto había un puesto de tacos que permanecía abierto. Esto era un trance y una penitencia, el hambre solo sería una señal de debilidad. Yo era fuerte, podía seguir así mientras me siguieran probando.
En la casa de Nora solo continuaba prendida la luz del cuarto. Las calles estaban cada vez más solitarias. Solo se veía un lunático que daba vueltas por ahí.
No había llamadas.
El puesto de tacos fue lo último en cerrar. Quien sabe cuantas vueltas había dado ya a la lista de música, pero no tenía importancia. El periplo se seguía cumpliendo con tiempos que, si los hubiera medido, serían precisos.
No había llamadas.
Algo más debía poner fin a esta penitencia.
Por último se apagaron las luces de la casa de Nora. El auto seguía ahí, todo seguía igual que al principio, todo en el mismo lugar, en su sitio, excepto yo.
Di un par de vueltas más, como par dar tiempo a que algo pasara de última instancia, un mensaje con una explicación o alguna otra señal.
No hubo nada.
Sentí entonces el cansancio en mis piernas y el desgaste en mis pies. Debía parar, pero sentía también la zozobra de no haber resuelto nada. Aquí ya no había más que hacer.
Era la una de la madrugada.
Nunca supe lo que pasó esa noche en aquella casa.

