La diva y el espectador
“Magic, madness, heaven, sin…
…you look like my next mistake”
Se apagan las luces y por unos momentos todo está a oscuras. Un sonar misterioso comienza a marcar el compás. Se prenden los reflectores y enfocan a una mujer sobre el escenario mientras camina al ritmo de la música; echa un vistazo al auditorio, como quien mira a la distancia. Está vacío. Casi, porque estoy yo. Me señala y se prende otro reflector que se enfoca sobre mí. Volteo a mi alrededor, dudando todavía si soy yo el señalado. Aún así, me siento con suerte.
Parece el inicio de un sueño, o una historia que comienza con uno. Hay mucho lugar para la interpretación.
Fue así que comenzamos con la representación de una historia que se ha contado muchas veces, precisamente por eso, porque se repite, a pesar de saber siempre como termina.
Nora se mostraba encantadora, como si flotara en un mundo de ensueño. Todo giraba a su alrededor con una armonía onírica. Todo se acomodaba. Yo, todo.
La tormenta perfecta que antes de ser tormenta es una brisa agradable de primavera.
Fue Nora quien escogió la música también. A pesar de ser ella la que entraba a nuestro mundo, era nuestro mundo el que se transformaba para darle la bienvenida.
Aunque fueron pocos días, fueron muy buenos. Era una persona con muchas ganas de vivir algo nuevo y diferente, tanto como lo éramos ella y yo. Quería darse esta oportunidad y yo también.
Recuerdo esta canción como entre sueños, deslumbrado todavía por la luz de aquellos reflectores. El efecto sedante de la música me aísla de la realidad que habría de manifestarse tan pronto termine la melodía. Una realidad con más personajes, y un sueño que pronto se convertiría en algo más.

