Simpatía en flor

“Y tu te vas, jugando a enamorar”

Teníamos un rato de no saber nada de Natalia Lafourcade. Escuchábamos su música como parte de nuestra programación generacional. La recordaba simpática y alegre, la jovencita que había comenzado “buscando problemas” fue “creciendo y cambiando”, como quienes lo hicimos con ella.

En aquella primavera volvió a la escena musical con un nuevo álbum; conservando su esencia y transmitiendo la misma simpatía con la que la conocimos. La ternura de esta canción en particular la hacían entrañable y fácil de escuchar. Al poco tiempo ya todo el mundo la traíamos tarareando por aquí y por allá.

Un encanto, supongo que así pasa.


No supe exactamente en qué momento Nora entró en nuestras vidas, cuando me di cuenta, ya estaba ahí. Era graciosa y extrovertida, igual o más irreverente que mi hermana. Siempre sonreía y bromeaba, por lo que era difícil imaginar que en realidad atravesaba por momentos muy complicados. No supe lo mal que estaba la situación hasta que me miró directo a los ojos. Ya para entonces sería demasiado tarde para ser solo un espectador.

Lo que si resultaba evidente era su carisma y simpatía. Pudo haber estado pidiendo firmas para salvar la selva y me hubiera convencido. Quizás ese fue el problema: su actitud juguetona, casi infantil, y su exceso de optimismo disfrazaban muy bien otros rasgos de su personalidad más negativos.

Bueno hubiera sido que me pasara como una suave brisa primaveral. Esperar eso de Nora hubiese sido como esperar que un tornado acariciase un campo de flores. No tenía idea del juego que habríamos de iniciar, ni del grado de dificultad, ni de las reglas con las que se jugaría, ni de las que se habrían de romper.

Supongo que hay gente a la que solo le gusta jugar.

“¿y tu te crees que esto es muy normal?”

Un encanto. Segunda llamada.


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