Devuelta
“¿Cuánto falta?”
No supe nada de Nora por unas semanas. El paso del tiempo continuaba, y con ello, el crédito que estaba a mi nombre para aquel teléfono que se quiso comprar y que prometió pagar. Esto fue particularmente simbólico porque tuve que asumir una pérdida relevante para poder seguir adelante. Entender que era mejor no volver a verla o saber de ella, ni siquiera para el tema de los pagos, aunque eso implicara continuar pagando una deuda que no era mía. Mi paz mental valía más que eso y cualquier otra cosa que ella se hubiese llevado.
Llegó la fecha del siguiente pago, sin que con ello tuviera alguna noticia de ella, y así estaba bien. Continué concentrándome en ordenar lo que me rodeaba. En el trabajo todo iba bien y en mi casa comenzaban a desaparecer los rastros de lo que alguien más había hecho y deshecho por aquí.
Entonces Nora me llamó, por teléfono, ese que yo pagaba, por supuesto. Me comentó que la estaba pasando realmente mal y que las cosas no parecían mejorar. Se estaba quedando sin opciones.
¿Era esto una prueba? ¿Que cosa me pediría? Porque era un hecho que no hablaba solo para saludar. Hacía tiempo que habíamos dejado de fingir que yo le importaba. Quizás era hora de devolverle la atención.
—He decidido regresar a casa de mi mamá —dijo preocupada, refiriéndose al hecho de que su mamá vivía en otra ciudad —pero no tengo dinero para el pasaje. Quería saber si tú me podías prestar.
Traté de pensar con calma, porque lo más inmediato hubiese sido reconocer el atrevimiento descarado y rehusarme, con toda la razón. Sin embargo no podía dejar de lado que haría bien en apoyar a la causa para que ella y todo su circo se fueran de aquí.
Me sentí un poco malvado por pensar estas cosas de alguien que necesitaba ayuda, pero solo fue un poco, porque después se me ocurrió una propuesta que, en otro tiempo, me hubiese preocupado por su posible reacción, pero si hoy se molestaba y me colgaba ya no me podía quitar más.
—¿Qué te parece si te doy lo que me has abonado por el teléfono y me lo devuelves. Es como si dispusieras de un dinero ahorrado, con ello puedes comprar el pasaje y ya mas adelante pensar en comprarte otro teléfono.
Estaba esperando que me colgara, o que me gritoneara para colgarle, pero nada de esto pasó.
—Está bien, pero necesito el dinero ya, quisiera irme hoy de ser posible.
Le dije que si y acordamos vernos en su casa por la tarde. Cuando llegué ya me estaba esperando. Nos saludamos, le di el dinero y me dio el teléfono. Todo parecía tranquilo, sin trucos ni malas intenciones.
—¿Te puedo pedir un último favor? —me dijo cuando ya me iba.
El momento en el que el héroe cree que la hechicera ha sido derrotada pero esta le tiene una sorpresa fatídica para el final. ¿Que podría ser?
—¿Me podrías llevar a la terminal de autobuses?
El héroe suspiró aliviado.
—Claro, sin problema —dije con una sonrisa que apenas podía disimular mi entusiasmo. Ni siquiera tendría que preocuparme por cómo sería devuelta aquella caja de Pandora al cráter del volcán donde había sido creada. Otro héroe anónimo nos haría ese favor.
No le pregunté que cosas se quedaban en esa casa, ni si dejaba asuntos pendientes ni mucho menos que había pasado estas semanas. Solo escuché la música que me gustaba mientras conducía hacia la terminal. Se bajó del carro y nos dijimos adiós.
Llegué aquella tarde a mi casa con una increíble sensación de paz. Ahora tenía un teléfono que no quería con un plan de pagos que no pedí. Era lo de menos, ya encontraría que hacer con ellos.

