Error de memoria
“bam bam bap-araum bap-arap-arap-araum”
Desperté al día siguiente con una sensación de extrañeza. Me dolían las piernas y los pies, además de tener un mareo como de resaca. Traté de recordar lo que había pasado la noche anterior. Ah si, el trance maniático que me tuvo caminando por horas, esperando inútilmente un mensaje de Nora, aún cuando habíamos quedado de acuerdo para salir. Revisé mi teléfono, por si acaso hubiese llegado un mensaje sin darme cuenta. ¿Y si lo había borrado por accidente?.
Comencé a cuestionar todos los hechos como si hubiesen sido un error de interpretación mío. ¿Y si nunca quedamos en salir y había entendido otra cosa? ¿Que tal que el día en que habríamos de salir era hoy y no ayer?.
Poner mi memora en este grado de duda solo empeoraba el mareo, pero era inevitable. Pensar que todo lo sucedido fuese en vano me preocupaba, porque para mí seguían sueltos muchos cabos. Revisar el teléfono empezaba a sentirse como un acto mecánico, que además solo generaba ansiedad.
Quizás escuchar un poco de música en aleatorio ayudaría a desfragmentar la memoria y pondría algo de orden. Si, escuchar música como antes, como si nada hubiera pasado; sería como regresar el tiempo hacia un punto anterior a toda esta locura, y poder escribir sobre la línea, encima de lo que pasó después.
Subí a mi coche y comenzó a sonar la música. Aún no había decidido a donde ir. Tal vez comenzar por un café sería lo más apropiado. Una tras otra, las canciones que conocía comenzaron a llevarme de regreso. Todo parecía ir bien hasta que salió esta canción. La escuché con total extrañeza porque no me resultaba conocida. ¿De donde había salido?. De Nora, de donde más. Porque no solo sí había pasado, sino que continuaba pasando, como un virus de computadora que continua replicándose. Pretender que nada había pasado no estaba funcionando.
Entonces quise hacer que algo funcionara, como intentar encender de nuevo una máquina descompuesta. Fui a su casa. Pasé frente a ella en mi auto, solo para comprobar que todo seguía igual. Marqué su número y tampoco entró mi llamada.
Desde luego que el trance no se podía repetir, así que partí de inmediato. Y quité la canción. Aterrizar con mi hermana sería lo más conveniente, de lo contrario podría terminar dando vueltas por ahí.
No podía seguir tentando a la suerte, porque hasta ese momento no se me había ocurrido que en una de esas vueltas algo, o alguien, me pudo haber sorprendido.
Se sabe que al diablo le gustan las sorpresas y las canciones incoherentes.

