Jugando a la casita

“Vamos a tomar tecito, y te voy a hacer un pan con margarina”

Parecía como un juego inocente. Nos habíamos reencontrado por una coincidencia muy improbable, y para nuestra mala suerte, en nuestra peor facha y en no muy buena salud. Eso era lo primero que se tenía que arreglar. No podíamos permitir que la última imagen de cada quien fuese la de alguien enfermo, en pijama y en un pasillo de hospital.

Acordamos vernos un viernes con cualquier pretexto, casi adolescente, como para ir a la tienda a la vuelta de su casa. Desafortunadamente, como siempre, mi lectura de la situación fue poco perspicaz, porque ahí estábamos, en una esquina de la colonia, sin un buen plan, pero eso sí, con un mejor semblante y apariencia. Sin algo más factible o mejor que hacer me invitó a su casa. Ahí conocí a sus dos pequeñas y un pequeño. Estuve aquella tarde platicando con la familia como si fuese un amigo lejano que llegaba de visita.

El cuadro se fue completando con el pasar de los días, que ya debía tener motivos muy claros; una mujer en la situación de _3110 no puede andarse con tonterías si la cosa no va en serio. Yo lucía como un aparato electrónico que al agitarse suena con una que otra cosa suelta por ahí dentro; quien sabe que sea, pero se veía que funcionaba bien.

Fue así como me invitaron a formar parte de este juego de la casita, con comidas, deberes, ayuda en las tareas y salidas en familia; la experiencia familiar completa, sin ser el padre titular.

Tan falto me encontraba de propósito y valor propio que me entregué en este rol tanto como pude, con la certeza de que lo mejor que podía hacer era acompañar a esta familia. Buena parte de este episodio se explica como respuesta a los cuestionamientos que me han dicho respecto a ser inmaduro e incapaz como hombre adulto. A esto hay que agregar que el estado de salud de _3110 no era bueno debido a un padecimiento crónico que le hacía recaer de cuando en cuando.

El hombre y el traje de superhéroe que mira en el espejo. Jugar a la casita en modo difícil no es para principiantes, pero pocos métodos son tan efectivos para que una persona orgullosa haga algo, como decirle que no puede.

Jugar a la casita y a los superhéroes puede parecer inocente, hasta que deja de ser un juego y dejas de ser un niño.


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