Héroes del último lugar en la tierra

“Cómo se han ido volando, ingrato, las raudas horas de un tiempo cruel”

Dos de las figuras históricas más relevantes para mí están en dos caras de una misma moneda.

Crecí escuchando canciones de Mecano, remontándome incluso a algunos de mis primeros recuerdos musicales, aunque fue hasta mi adolescencia que presté atención a la canción “Héroes de la Antártida”. Aquella impresión fue suficiente para erigir una figura heroica, no por haber cumplido su objetivo, si no por mantener un semblante estoico ante la tragedia, inmortalizado en los diarios que mantuvo hasta el fin. El estoico definitivo. Esa fue la imagen que permaneció conmigo por muchos años.

En el invierno de aquél año encontré el libro “The last place on earth”, que trata sobre un recuento detallado de aquella aventura y sus dos caras. Resultaba curioso que la historia que mejor conociera fuera la del segundo lugar. Ahora podría conocer bien ambas historias.

Era justo al anochecer, cuando la casa estaba tranquila y silenciosa, que aprovechaba para leer. El ambiente era inmejorable. Las temperaturas comenzaban a descender mientras se acercaba el solsticio de invierno, y con el la noche más larga del año.

Descubrí que esta historia existió en función de aquellas dos figuras, como caras de la misma moneda. Por un lado Roald Amundsen, el pragmático y viejo lobo de mar noruego, y por el otro, Robert Falcon Scott, el honorable y estoico caballero inglés. Pasé aquellas noches invernales absorto, como si estuviera presenciando en tiempo real el desarrollo de la carrera.

Hay quienes dicen que aquella aventura fue la última de la época de los grandes descubrimientos heroicos, representados en gran medida por el carácter y valor de quienes los lograron, y quienes murieron en el intento. Para mí es un ejemplo, en toda la extensión de la palabra, de que podemos ser héroes en la victoria y en la derrota.

æPor aquellos días escuché este cover de “Ausencia”, que no solo tiene una esencia musical similar a la de “Héroes de la Antártida”, también tiene el toque melancólico de quien escribe algo sabiendo que tal vez no vivirá para cuando sea leído.


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