A 42 km de la meta

“The horses are coming, so you better run”

Faltan unos minutos para las siete de la mañana. La adrenalina fluye por el torrente sanguíneo, junto con un cóctel de emociones que nos anticipan al gran momento. Para quienes estamos aquí es la parte final de un viaje que empezamos meses atrás. Solo restan 42 km para concluirlo. Los días y los kilómetros que han pasado, que son muchos más de los que nos separan de la meta, no tendrán sentido si no concluimos esta parte del trayecto. Poder hacerlo en la ciudad en la que vivo hace el recorrido aún más especial.

Tengo mis tenis bien amarrados, los audífonos puestos y música suficiente. Estoy listo.

Suena la señal y comenzamos la carrera. Presiono el botón para que la música inicie conmigo también. El ritmo suave de esta canción es perfecto para marcar el paso.

“Happiness hit her…”

Aún no ha salido el sol, pero la penumbra del amanecer nos permite reconocer el rumbo, que aunque hemos recorrido incontables veces caminando, en carro, o en autobús; no se ve como hoy, a las siete de la mañana, mientras corremos a mitad de la calle. Hay gente en las orillas que desde este punto nos alienta y anima. A unos metros escucho las voces de mi mamá y Ale, que han venido a apoyarme con un letrero y muchas porras. Les doy gracias y continúo. Esto apenas comienza.

“Run fast for your mother!”

Paso por calles y rumbos que conozco de años y que me recuerdan tanto. Paso por ellos, como por todas las cosas que he pasado para llegar hasta aquí. La ruta da un giro: mis rumbos, familia y amistades están hacia la derecha. Debo ir primero hacia la izquierda, hacia una parte de la ciudad a la que casi no voy. Es una vuelta grande, y tengo que recorrerla antes de volver a lo que me es familiar.

“Leave all your love and your longing behind”

Han pasado casi un par de horas y he completado la vuelta sin problemas, como en los entrenamientos. Estoy a las afueras, solo queda volver. Es el mítico kilómetro treinta de la carrera, que como me han dicho quienes han corrido antes que yo “es el inicio de otra carrera”. Son solo doce kilómetros los que restan, los que corres en cualquier entrenamiento semanal, pero tu cuerpo es otro. Tus pies están desgastados y tus piernas adoloridas. Has llegado hasta aquí porque tu cuerpo te ha traído. Ahora tu mente y tu espíritu se encargarán del resto.

“Struck from a great height”

Llego a la desviación del acueducto, donde acordé volver a ver a mi mamá y mi familia, que están ahí para animarme en la parte más difícil del trayecto. El espíritu se enciende y el ánimo se recupera. Nos veremos en la meta.

Hace tiempo que se acabó esta increíble canción con la que empecé esta prueba, pues dura unos cuantos minutos, pero con ella han desfilado otras tantas que me han acompañado en este largo recorrido.

Llego a la recta final, y de mi caja musical de provisiones sale una sorpresa, como un dulce obsequio dejado por mí en secreto para después.

“Tonight, I’m gonna have myself a real good time, I feel alive…
so don’t-stop-me-now
don’t-stop-me ’cause I’m having a good time!”

Cierro los ojos y corro con lo que me queda de fuerzas. La estrella fugaz que se enciende soy yo y estoy cruzando el cielo. Este es el deseo que se me está cumpliendo, lograr algo este año, aunque sea terminar una carrera.

Saber que todo aquello por lo que pasé los últimos meses tuvo una conclusión al llegar a la meta le dio sentido al recorrido; y poder compartirlo con mi familia lo hizo aún más especial.

“The dog days are over”


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