Atracción de feria

“Wanted a woman, never bargained for you”

Entonces la atracción comenzó a girar. Fuimos rompiendo todas las reglas que habíamos fijado para tener una rehabilitación satisfactoria. Como témpano que se va fracturando cuyos fragmentos se precipitan al mar irremediablemente, así mismo nos fuimos precipitando hacia todo lo oscuro que buscábamos evitar. Dejó de importarnos lo que otras personas decían, incluso lo que nosotros hubiésemos dicho antes si lo hubiéramos considerado.

Le di una llave de mi casa a Nora, y con ello comenzó a ir y venir a voluntad. Entendería que para ella fuese una cuestión de supervivencia por encontrarse en una situación personal cada vez más precaria, pero esto era algo más. El tiempo que pasábamos parecía un escape de la realidad con toda intención. Juegos, provocaciones y toda clase de disparates hacían la experiencia cada vez más absurda. Por favor, hasta fuimos a la iglesia, como las personas más devotas, como si con ello pudiésemos librarnos de nuestros demonios. Pero no era una actitud piadosa la que nos movía, sino el desafío constante de qué tanto podíamos caminar al borde del abismo sin caernos.

Quizás darle la llave fue el símbolo de darle el control, porque eventualmente fue lo que pasó. En esta atracción de feria que cada vez giraba más violentamente yo solo me agarré de donde pude, pensando que esto no habría de vencerme porque yo era más fuerte. Claramente no estaba pensando con lucidez.

Por fortuna, y sorpresa, fue Nora quien decidió detener esta locura. Me pidió que fuera a su casa un viernes por la noche. Malditos eran ya desde aquella penitencia desdichada, pero habían sido también el inicio de los rituales desde que comenzó esta insensatez. La encontré en su casa, un poco menos rota que aquella vez del rescate, pero rota al fin, con apenas ánimo suficiente para decirme que esto se terminaba y que ya no debíamos vernos más.

Por supuesto que no rogué ni supliqué; para eso se hubiera requerido, al menos, entender bien lo que había estado pasando.

Salí de su casa desconcertado, preguntándome que había hecho mal. Todo daba vueltas, necesitaba algo de donde sostenerme. Recordé que unos amigos me habían invitado a una carne asada esa misma noche, a la que había declinado por tener otros planes. Llegué a la reunión, para sorpresa de mis amigos, pero igual de bienvenido.

—¿Qué te pasó? —me preguntaron, tratando de adivinar la causa de mi apariencia.
—Creo que me acaban de terminar.

Ni siquiera tenían idea de como había comenzado.


You may also like...

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.