Pendular

“Escribiremos nuevas reglas… está prohibido prohibir”

“La fuerza de gravedad que actúa sobre el objeto es alterada por el punto de sujeción, creando un movimiento circular periódico”

Al principio solo se trataba de acompañarnos en nuestra rehabilitación, yo de Nora y ella de sabrá qué. Pretendíamos que nuestros problemas eran ajenos y estaban en otro lado, contándonos cosas tristes como si nos hubieran pasado con otras personas, solo que esas personas estaban ahí mismo. Bueno, al menos una de ellas.

Como haya sido, esto creó una sensación de sobriedad. Estábamos dejando aquello que nos hacía daño, tratando de recuperar el orden en nuestras vidas y acompañándonos en el proceso. Parecía un buen plan, salvo por el disparate de que la causa y el remedio eran la misma cosa; pero era un detalle sin importancia. Nada podía salir mal si nos apegábamos al plan de rehabilitación.

En esta versión de eso que éramos volvimos a salir y a pasar el tiempo, tratando de mantener a distancia nuestras vidas personales y todos sus problemas. Éramos nuestro refugio y lugar seguro.

“No soy mala hierba, solo hierba en mal lugar”.

Luego llegó aquella noche de mayo. Comenzaban las lluvias de temporada y con ellas las noches de tormenta. Nora me escribió, contándome una suerte de infortunios que le acababan de suceder por la tarde y que parecían no mejorar. Para mí eso estaba pasando en cualquier otro lado, según nuestro acuerdo implícito. Conforme pasaban las horas sus mensajes se tornaron más ansiosos. La compañía a la distancia parecía no ser suficiente. Se acercaba la media noche.

“¿Puedes venir a mi casa?” —decía su último mensaje.

Tal vez la lluvia, los relámpagos de la tormenta, la medicina para una alergia que no estaba surtiendo efecto y cualquier otra circunstancia convertida en excusa serían suficientes para considerar aquella proposición.

“Pudimos decir que no, que lo sentimos, nos debimos confundir”.

Ojalá estas líneas sonaran a algo que se logró, y no a una posibilidad de algo que fuimos incapaces de hacer.

El péndulo ya había pasado su punto de equilibrio y regresaba con fuerza suficiente para repetir el ciclo. Nada en esa casa habría de impedirlo.


You may also like...

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.