Precipicio
“Sunspots have faded, now I’m doing time”
Todos los planes tienen tiempos como horas tiene el día. Hacerlos con anticipación nos permite aprovechar el mayor tiempo posible.
Tras haber concretado los trámites para la compra de la casa, solo restaba que la terminaran, porque aún no existía; pero era algo que estaba considerado, por lo que me indicaron que sería cuestión de esperar entre seis y ocho meses para la entrega. Esa estimación estaba dentro del tiempo que teníamos en el contrato de la casa que rentábamos al momento, por lo que solo restaba esperar. Tendríamos un día de ocho meses para hacer todas nuestras actividades. Suficiente y razonable.
Nos ocupamos con lo que cada quien tenía que hacer. Todo parecía estar en su lugar y funcionando. Las abejas iban y venían a la colmena temporal con dedicación, aprovechando al máximo la luz del día.
En noviembre llegó la tarde. Se habían cumplido los ocho meses considerados para la entrega de la casa, pero aún no estaba lista. Pregunté si tenían un estimado de cuánto tiempo más sería necesario esperar, y ahí fue donde comenzaron las largas.
Cualquier explicación resultaba inútil para efectos de nuestra situación de alojamiento, cualquiera que no fuera una fecha, o incluso una cancelación; algo que nos diera la pauta necesaria para planear el siguiente movimiento.
El día estaba llegando a su fin, con la incertidumbre de no tener donde pasar la noche, a pesar de lo que se había acordado.
La cuenta regresiva que había comenzado con emoción y entusiasmo ahora se convertía en un precipicio al que nos dirigíamos.
“How could I know that this could be my fate?”
Me sentía molesto, pero tenía que resolver nuestra situación. Que otros no cumplan sus compromisos no te da excusas para que tú no cumplas con los tuyos. Caer en un precipicio no estaba en mis planes, y menos llevarme a alguien conmigo.

