Equinoccio

“So, the season of the fall begins”

Un nuevo ciclo comenzaba. A estas alturas, la cuenta de todos los que le habían precedido ya no tenía mucho sentido, ni todas las veces que había reducido mi vida a espacios de cartón, aunque ciertamente tiene sus aristas.

Por un lado requiere hacer un inventario de lo que tienes y porqué. No siempre podemos conservarlo todo, unas cosas son más necesarias que otras, y algunas puede que ya no lo sean. Por otro lado, hay que pensar hacia donde vas. A veces podemos elegir con tiempo el nuevo espacio, y en otras solo brincamos a la siguiente casilla disponible. En ocasiones avanzamos, en otras retrocedemos, e incluso podemos, en un sentido u otro, volver al inicio.

¿Era este el mismo inicio por el que ya había pasado antes? Que este espacio fuera mío cambiaba algunas reglas. La primera es que tenía que pagarlo por veinticinco años, viviera en el o no. Esto, en teoría, lo hacía más a largo plazo que cualquier espacio anterior, sin ser necesariamente definitivo. La segunda es que la unidad de medida de los ciclos ahora sería otra. No que dejaran de existir, porque los ciclos están en nuestra naturaleza, solo dejarían de medirse en meses o años estipulados de arrendamiento.

Quizás a partir de ahora podía, por fin, contar la vida por años de vivirla y no por el número de espacios habitados.

Aquel día llegamos a casa con todas nuestras cajas y con el cansancio de meses de espera, pero con una enorme sensación de alivio. El éxodo había terminado.


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