Un lugar en la tierra
“Live another day, climb a little higher”
Por fin parecía ir terminando uno de los días más largos de mi vida. El sistema se encontraba casi al cien por ciento de su funcionalidad. Habíamos pasado de terapia intensiva a un monitoreo de recuperación.
Tomaba mi enésima taza de café mientras observaba con atención una pantalla que había visto por horas de día y de noche. Era el tercero.
Me encontraba en un estado de letargo y alerta en el que ya te toma algunos segundos responder a cualquier estímulo, pero reaccionas sobresaltado a algunos de ellos. Entonces sonó mi teléfono.
Había recibido muchas llamadas las últimas horas, todas relacionadas con problemas de la plataforma y para saber cuando se reestablecería el servicio. Recibir una llamada más no era algo que me entusiasmara, pero tenía que hacerlo.
—Me comunico de parte de la inmobiliaria para informarle que la casa ya está lista. ¿cuándo podemos hacerle entrega?
Tardé en recordar que el proceso de compra de la casa, que había iniciado hacía más de un año, se había postergado indefinidamente, llevándonos a un éxodo complicado y a ocuparnos de otras cosas. Un letargo de meses de esperar y otro de horas sin dormir debieron retrasar mi respuesta en lo que recapitulaba lo últimos meses con los pocos recursos mentales que tenía en ese momento.
—¿Puede ser hoy? —dije con determinación, esperando alguna excusa como otras tantas que me habían dicho antes.
—Si, a partir de las cuatro.
Así de simple llegaba por fin un momento que había esperado por meses, en la que seguramente era una de mis impresiones más malas. Debió parecer que efectivamente me hacía falta un lugar donde vivir; y un buen baño, y dormir.
Me entregaron la casa y dije que si a todo con el interés de un hijo al que están dejando solo en casa por primera vez.
Cuando estuve por fin a solas, suspiré aliviado. Me recosté en el piso y contemplé el techo. Ahora había un documento que decía que eran míos, y el suelo debajo también. Ahora tenía un lugar en la tierra, literalmente. Claro que tenía además una deuda considerable a pagar en veinticinco años. Parecía suficiente.
En ese tiempo pueden pasar muchas cosas. Lo bueno es que no hay prisa. Un día a la vez.

