Epílogo

mascaraPor fin todo estaba listo. Habían pasado años desde la última vez que nos habíamos visto, y por fin había reunido fuerzas suficientes para nuestro próximo encuentro. La cara, los gestos, los movimientos corporales y los ases bajo la manga que seguramente habría de ocupar. No sólo iba a enfrentarte a ti, si no también al resto del elenco de aquella fatídica puesta en escena que había quedado sin concluir.
Me causó un poco de tristeza probarme el disfraz que había utilizado durante tanto tiempo y descubrir que había dejado de quedarme. Claro, el tiempo había pasado por todos nosotros, así que habría que resignarnos a usar lo que nos quedara, con la dignidad incluida entre nuestros accesorios. Al final, sabía que todo eso era opcional. Era mas cuestión de orgullo, que exigía que se terminara aquello que se había iniciado.
Así que, después de tantos años, valía la pena.
Jamás el camino fue tan corto. Ni todos los rodeos hubieran sido suficientes para prepararme psicológicamente para aquella imagen. Había pensado en todo menos en mi humanidad estupefacta ante las puertas de lo que jamás había sido tan imponente. Atrás habían quedado los tiempos en donde cruzar aquellas puertas era algo cotidiano. Mirar a la gente pasar por la calle desde el interior con la familiaridad de quien pertenece a…
Fue entonces que supe que sólo 2 veces en mi vida me sentiría así de aterrado de entrar: La primera y la última.
Entré con la mayor naturalidad que me fue posible. Apenas conseguía recordar sus nombres, mientras ellos recordaban perfectamente el mío. No me sorprendió encontrarme con los mismos personajes grises de segunda que no podían ni reconocerse a ellos mismo frente al espejo. Probablemente ni eran las mismas personas… quien sabe, con ellos nunca se sabe.
La primera en reconocerme fue Angélica, sólo un abrazo hubiera podido describir lo que quisimos decirnos en ese momento, sin embargo, no fue posible. Me vio con los ojos tristes de quien desea algo pero le está prohibido. Así que sólo sonrió. Yo le contesté con una sonrisa sincera. Realmente pasó mas tiempo del que sentimos, pues cuando nos dimos cuenta, él se encontraba a su lado, abrazándola con gesto protector.
-¿Que haces aquí?- Dijo Teobaldo- Sabes que no eres bien recibido.
No tuve tiempo de contestarle. Ambos se marcharon al instante mientras el me veía celosamente de reojo por encima del hombro al alejarse. Siempre había sido así, sólo que no había tenido la oportunidad de ponerlo en su lugar. Una vez mas, me quedaba con las ganas. No era esa la razón por la que estaba de vuelta y esa hubiera sido solamente una pequeña satisfacción personal. No valía la pena volverme loco por eso, así que me tranquilicé y seguí mi camino.
Traté de relajarme mientras respiraba profundamente. Intentaba ordenar de nuevo todas mis ideas y concentrarme en lo que había venido a hacer. De pronto, un grito agudo me distrajo de mis pensamientos. A lo lejos pude reconocer a Victoria. Ambos tardamos un poco en reaccionar. No tardé en dirigirme hacia ella con paso apresurado, mientras ella sólo movía su cabeza negativamente.
-No, no… ¡No!- Exclamó.
Acto seguido desapareció apresuradamente por uno de los pasillos. ¿Que había sido eso? Me detuve a pensar en lo sucedido, como tratando de atar todos los cabos sueltos de mis encuentros esa tarde. De pronto, escuché unos pasos que se aproximaban con apremio. Hubiera podido distinguir esos pasos en cualquier lugar del mundo sin importar su velocidad. Cuantas veces los había escuchado, siempre señal de que se terminaba la fiesta, dentro y fuera del escenario. Jamás pude comprender su sentido del humor. Pobre, había veces que de verdad se esforzaba. Nunca pudo contar con mi simpatía, ni con la de nadie. Tal vez por eso le quedaba tan bien el papel.
-¿Que se te ofrece?- Dijo Capuleto con tono imperativo.
Desde que había escuchado sus pasos había permanecido quieto, recorriendo la estancia en la que me encontraba con una mirada nerviosa en busca del lugar que me pudiera ser mas ventajoso, como si realmente importara donde estuviera parado.
Traté de tranquilizarme. Comencé a caminar lentamente por la estancia.
-No es lo que usted está pensando- Dije titubeando.
-Pues si no es lo que estoy pensando, entonces dime tu que es. ¿Que estabas pensando cuando te atreviste a volver?- Exclamó enérgico.
-Permítame hablar con ella- Contesté con seguridad.
-Temo que no es posible
-¿Porque?
-Porque no está.
-No le creo
-¿Que razón tendría para mentirte? De hecho no hay nada que me interese hacer por ti.
Sin pensarlo, y antes de que terminara de hablar, me adelanté y comencé a subir las escaleras hacia los camerinos. Sentí que en cualquier momento me detendría, pero no fue así. Conforme iba subiendo los peldaños la adrenalina iba aumentando. Nada me impediría hacer lo que había venido a hacer. Solo escuchaba sus pasos a unos cuantos escalones detrás de mi.
Entonces abrí la puerta de su camerino con lentitud. A pesar de todo, aun creía en el factor sorpresa. Cuando estuvo medio abierta me detuve. Me quedé unos segundos inmóvil, esperando a que terminara de abrir la puerta y encontrarnos de frente. Nada sucedió.
Abrí la puerta y entré con cautela. Miré ansiosamente en todas las direcciones. No había nadie. Caminé entonces por la habitación. Moví cuidadosamente algunos libros, como si de pronto fuera a salir de su escondite entre las páginas. Todo se encontraba cuidadosamente en su lugar, como si nadie lo hubiese tocado en años. Efectivamente hacía tiempo que se había marchado.
Me paré frente a uno de los muros de la habitación. En el estaban colgados algunas fotografías, mismas que me contaban el resto de la historia que se había escrito sin mi. Montreal, Paris, Berlin. Todos, lugares en los que alguna vez dijimos que nos presentaríamos. En fin, nada de eso importaba ahora. Ni siquiera eran recuerdos míos, sólo que no necesitaba saberlo. El espectáculo debía continuar, y lo hizo, aún sin mi.
-¿Y que querías? ¿Que te esperara hasta que tu quisieras?- Dijo, por fin interrumpiendo mis pensamientos.
No me había percatado del momento en que había llegado a la habitación ni cuanto tiempo había estado observándome. Parecía leer mis pensamientos, así que sólo quedaba ser sincero y decir la verdad.
-Pues no realmente. Yo no hubiera podido continuar de todos modos. Sólo quería decirle que lamentaba lo sucedido. Y sin embargo, no puedo…
-Ya no hay nada que decir. Continuamos sin ti así como tu debiste haber continuado sin nosotros. ¿Tu que hiciste? ¿Que has hecho?
Intenté contestar mientras naufragaba en un inmenso océano mental lleno de recuerdos.
-Creo que… debimos haber terminado bien las cosas. Debí haberles dado las gracias por todo lo que hicieron por mí, por todo lo que compartimos y por todo lo que vivimos, lo bueno y lo malo.
-Hijo- Me interrumpió- Ya nada de eso importa, son sólo recuerdos… y nosotros también.
De pronto miré a mi alrededor, como despertando de un letargo. Estaba frente a un público invisible, solo. En el escenario no había mas que un par de cajas con artículos de utilería. Todos los disfraces de la puesta en escena estaban ahí, empolvados, raídos y olvidados por quienes alguna vez los habían utilizado. Me miré en un espejo detrás del escenario y vi mi disfraz. Estaba viejo y maltratado por el tiempo, pero portado estoicamente con el único accesorio que me quedaba: El Orgullo.
Fue entonces que me dí cuenta que había regresado a ese lugar hacía años y que, desde entonces, no había podido volver a salir.

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6 Responses

  1. Kena says:

    ¿Por qué regresar a un lugar donde nadie te espera? … dicen que para atrás ni para agarrar vuelo… por eso se quedó encerrado entre sueños rotos.

    • Carlos Alfonso says:

      Pues si… y sin embargo muchas veces no nos damos cuenta, hasta que ya no podemos salir.. A veces regresamos por costumbre.. o porque nos gusta o por la costumbre nos aferramos a algo que alguna vez nos gustó

  2. towanda says:

    …SUPERAR PARA AVANZAR. Al pasado no podemos volver, mas nos mantiene presos, repitiendo los mismos episodios una y otra vez, enfrentarlo y superarlo es necesario si queremos vivir el presente y mirar el futuro. si quieres que tus sueños sean realidad? despierta!!!

  3. Carlos Alfonso says:

    Y sin embargo a veces no podemos salir sin ayuda.. Nuestros mismos recuerdos nos mantienen cautivos.

  4. maría luisa garrido bonilla says:

    Historia interesante. Por qué volver? quizá dejaste algo pendiente por eso vuelves, quízá también te haga falta saber que pasó durante tu ausencia. Pero…. pienso que si ya saliste, si ya te fuiste por mucho tiempo, lo mejor es que sigas tu camino, ellos continuaron sin tí… No está mal querer saber cómo ha sido su vida.

    • Carlos Alfonso says:

      Si, supongo que hay cosas que es mejor no saber. Nos encanta pensar que todo tiempo pasado fue mejor.. Deberíamos apostar mas por el futuro.

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