Recuerdos Improbables

pasilloHan pasado algunos años desde aquel viaje. Me acompañaban unos amigos, pero sólo uno de ellos conoce esta historia ya que no he platicado con otras personas sobre esto. Tampoco lo he hablado nuevamente con él, platicamos un poco ese día, eso fue todo. Hoy quiero contar lo que pasó.
Estuve pensando en un buen inicio y me vino a la mente mi primer beso. Es un relato curioso que va más o menos así: fue en secundaria cuando conocí a una niña que se llama J. Supongo que me gustaba, o al menos es lo que creo. Sin embargo, cuando quiero recordar lo que  sentía por ella lo que me viene a la cabeza no es exactamente atracción, ni física ni hacia su personalidad. El caso es que la buscaba, o más bien, nos buscábamos.
No asistíamos a la misma escuela pero por las tardes ella iba a  catecismo en un templo cerca de mi casa, y a veces, yo iba ahí cuando terminaban sus clases para verla. Uno de esos días entramos a una capilla. Ahí fue mi primer beso. Algo no funcionó. Después de eso nos dejamos de frecuentar.
Sé que es una historia corta y sin adornos. Tal vez ustedes recuerden con más detalle su primer beso o tienen mejores memorias de las chicas que les gustaban o con las que salían. Para mí es un recuerdo más, igual a muchos otros. No siento una emoción o alegría especial cuando pienso en ella o en ese día.
¿Entonces por qué les platico sobre eso? Por hacer una comparación. Contrasta con lo que pasó en aquel viaje. Es algo que recuerdo con muchos detalles. Tal vez por ser más reciente, pero además pensar en ello me hace sentir algo. Me da gusto traer de vuelta ese momento.
Era nuestro último día y decidimos ir por unos tragos. Después de entrar y salir de un par de lugares en el centro de la ciudad nos alejamos un poco de esa zona y entramos en un pequeño bar. Al principio no había mucha gente ahí, pero el lugar se fue llenando y después de un rato conocimos unas chicas y pasamos con ellas el resto de la noche. Más tarde fuimos juntos a cenar y las acompañamos a su hotel. Incluso entramos a su habitación y estuvimos con ellas un poco más. Cualquiera diría que ese día tuvimos suerte, pero para mí, lo que marcó aquella noche apenas estaba por suceder.
Salimos de la habitación y caminamos por un largo corredor. No recuerdo haber prestado atención en ese momento pues era un pasillo de hotel como cualquier otro. Aun así, hoy todavía puedo describir detalles del lugar: era estrecho y lo cubría una vieja alfombra azul desgastada por el paso de los huéspedes. Tenía un techo más alto de lo habitual con orificios donde estaban colocadas unas grandes lámparas, sin embargo, la luz que había en aquel lugar era apenas suficiente para no tropezarse.
Además de nuestros pasos que amortiguados por la alfombra apenas se escuchaban, afuera de algunos cuartos se oía el sonido de una televisión encendida. Risas grabadas de algún programa, un conductor hablando en un idioma irreconocible. Se escuchó también la campana del ascensor y las voces de unas personas que bajaron en ese piso. El elevador estaba a la vuelta y ellos debieron ir hacia el otro lado, ya que no nos los encontramos.
A veces pienso que tal vez lo que recuerdo no sea verdad. Puede ser que yo haya creado estas imágenes para asociarles aquel momento y las sensaciones de aquella madrugada. De cualquier forma, lo importante es que iba acompañado por R. De hecho, compartíamos la misma habitación y esa tarde, mientras él dormía, me recosté a descansar en su cama y me quedé a su lado hasta que despertó. Y lo mejor estaba por ocurrir.
Seguíamos andando por el corredor sin poder saber si ya era de día. A ambos lados, en unas paredes completamente blancas, lo único que había eran las puertas de las habitaciones, y junto a cada una de ellas, un letrero… setecientos catorce, quince, dieciséis. Entonces empecé a caminar más despacio y, platicando con él, logré que se quedara atrás conmigo. Esperé a que los demás se adelantaran y dieran vuelta al final del pasillo. Al quedarnos solos lo empujé con fuerza contra la pared, puse uno de mis brazos contra su pecho para detenerlo y con la otra mano sujeté su cara.
Mi boca no lo tocó. Me iba acercando cuando reaccionó. Mi comportamiento, que seguramente le había parecido extraño esos días, cobró sentido en ese momento. Entendió lo que iba a hacer y se movió.
A veces creo que sería genial haberlo besado. Pero no, prefiero que haya sido así. Me gusta como termina la historia. ¿Por qué? Porque no es un buen final, le hace falta un desenlace. Es como en las películas cuando queda algo pendiente y sabes que habrá una segunda parte.

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2 Responses

  1. Efrenk says:

    Amigo… ¿era así? Porque me siento confundido, un poco, bueno, mucho, o sea, ¿es relato de niño o niña?

  2. Carlos Alfonso says:

    ¡Jajaja! Esta historia puede jugar un poco con nuestras frágiles mentes.
    Si es niño o niña es irrelevante.
    Yo sigo pensando en lo extraño que sería besar a alguien en una iglesia… (Obviamente las bodas no cuentan ¬¬)

    ¡Saludos!

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