Sinceridad franca

“tan solo, un cachito de tu corazón”

De las amistades esperamos sinceridad, y con Alicia puedes contarla sin reservas. No es fácil, ya que no siempre queremos enfrentarnos con el frío espejo de la realidad, y hablar con Alicia implica recibir algunos dardos de verdad de cuando en cuando.

La amistad de Alicia ha sido invaluable para quienes la conocemos, y pudimos contar con ella de tiempo completo desde mediados del bachillerato cuando nuestro grupo de amistades tomó su forma definitiva; lo que nos proporcionó momentos de señalamientos graciosos y oportunos, a veces incómodos, pero siempre sinceros.

Entre los más legendarios se encuentra uno de cuando hacíamos un trabajo en mi casa. Teníamos que entregar un resumen en equipo para la materia que impartía un maestro con quien yo había tenido un desencuentro el semestre anterior. Por alguna razón no le simpatizaba al maestro y, equivocadamente, creí que esa antipatía se extendía a mi grupo de amistades. Cuando por fin terminamos el documento, faltaba solo la hoja de presentación en la que teníamos que indicar el título del trabajo y los nombres de quienes integraban el equipo.
Enfadado y en tono de broma comenté que sería más fácil si sólo poníamos “Los hijos de la fregada que le caen mal”.
Fausto fue el primero en precisar que no quería formar parte de la etiqueta, por lo que señaló que sería “Fausto y los hijos de la fregada que le caen mal”.
Andrés no tardó en secundar la corrección, por lo que añadió “Fausto, Andrés y los hijos de la fregada que le caen mal”.
Alicia, quien extrañamente no fue la primera en señalar lo absurdo de mi comentario, se apresuró a definir “Fausto, Andrés, Alicia y el hijo de la fregada que le cae mal”.
La buena suerte y la sinceridad no están siempre del mismo lado, ya que mi mamá entró a mi cuarto al tiempo que Alicia expresaba su opinión.
Momento incómodo, tiempo, unos instantes más… risas.

Por aquél entonces Maná había sacado una compilación al estilo “MTV Unplugged”, la cual estaba muy de moda y yo me sabía al derecho y al revés. Una de esas tardes, mientras hacíamos alguna tarea en casa, recuerdo haber estado cantando esta canción despreocupadamente. En algún punto Alicia comentó que me sabía hasta los suspiros. No es que el comentario en sí haya sido con mala intención, fue sólo que me avergonzó un poco la idea de haber estado cantando en público, y para colmo una canción cursi como ésta.

Al final así es la experiencia de convivir con Alicia, y la apreciamos con sinceridad.

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