Fin de la misión

“Después de aquella victoria solo un loco coronel renunciaría a una gloria que jamás logró entender…”

Aparentemente hay cosas que no se pueden comenzar sin terminar otras. En definitiva fue algo que no consideré cuando fui seleccionado para mi primer empleo después de la universidad. Como volver a poner un pie en la escuela.

Y no es que lo haya considerado innecesario, pues sabía que en algún momento tendría que volver. Era algo en lo que no pensaba, literalmente.

Para el ingreso a la agencia me pedían el certifcado de licenciatura, que si bien tenía un tiempo de gracia para completar el expediente lo mejor era obtenerlo ahora que todavía no entraba a ese agujero negro del tiempo que es la vida laboral adulta.

Durante los meses de prácticas profesionales decidí explícitamente no participar en la organización de actividades para la graduación. Solo quería dar vuelta a la página y continuar.

Regresé a la escuela para pedir informes sobre la obtención del certificado de estudios. Tuvo a bien atenderme una señora particularmente proactiva.

—¿Cuándo podría obtener mi certificado de licenciatura? —pregunté casual.
—Les darán sus documentos en la ceremonia de graduación, que es ya dentro de unos días —contestó solícita.
—¿Y si no participaré en la ceremonia?.

El cambio en el tono de voz y lo súbito de su reacción me tomaron por sorpresa.

—¡Como que no vas a ir muchacho! Tanto tiempo y esfuerzo para no ser parte de este momento tan importante de tu vida.
—Es que ya voy a entrar a trabajar, lo necesito cuanto antes.
—De hecho, si fueras parte de la ceremonia, tendrías tus documentos en unos días.
—¿Y no los puedo obtener después?
—¿No quieres ir o qué?
—Ni siquiera participé en la organización de mi grupo para la ceremonia…

La exasperación en la voz de la secretaria comenzaban a revelar su impaciencia.

—Si no lo haces por tí, lo hubieras hecho por tu papá y tu mamá, que con la ceremonia deberían ver culminado el esfuerzo y sacrificios que seguramente hicieron para que tu lograras terminar.

Para este punto era evidente que la señora y yo estábamos en realidades distintas. Mientras ella se imaginaba el final feliz de una historia cotidiana, yo trataba de entender cómo es que lo había logrado, pensando en lo poco que separa una victoria pírrica de una derrota gloriosa, y lo que en ello influía la presencia o ausencia de aquellas figuras.

Mientras yo continuaba perdido en otras dimensiones, la secretaria decidió intervenir en la historia en favor de la victoria.

—Si me traes tus papeles ahorita, puedo conseguir que te incluyan en la ceremonia —comentó resuelta después de unos segundos.

La verdad no estaba seguro si quería pasar por todo eso, incluído ese favor, que no sabía si facilitaba o complicaba las cosas. Al final decidí participar, y enfrentarme a lo que serían dos realidades: una que era un hecho probablemente inevitable, y otra completamente inesperada.

Me convencí a mi mismo de que mi mamá era quien más merecía estar ahí, junto con mi abuelita y mi tío, quienes sin su ayuda no hubiera completado el tramo después de aquel episodio con mi papá; que en todo esto, consideraba yo que él mismo había renunciado a todo lo que tenía que ver conmigo el día que permitió que me exiliaran de casa. Y por eso no lo invité.

En el momento en que dijeron mi nombre, pensé y agradecí con el corazón a quienes me acompañaron e hicieron esto posible. Hubo después de todo quienes aún creyeron en mí, cuando yo ya había dejado de hacerlo.

Al terminar el evento, acordé salir a comer con mi mamá para ir a celebrar, junto con mi abuelita y mi tío. Justo antes de partir llegó mi papá, contra el magnetismo de dos fuerzas que lo repelían y otras cosas más, como mi deseo mismo de no verle.

Las fuerzas, que en sí mismas trataban de contenerse para no desequilibrar el sistema, permitieron finalmente que mi papá se acercara.

—Lo logramos ¿no? —dijo como si esa fuera su mejor carta para abrir el juego. Como si de verdad hubiese algo que lo redimiera y le permitiera ser parte de esto. De mí.

La presión, por tanto tiempo contenida, no podía ceder ahí ni ahora. Aún hoy no sé si habrá un buen momento, pero decidí que ese, no sería.

Ni siquiera alcancé a escuchar bien lo que mi mamá le contestó, que a juzgar por su expresión y sus ademanes debió ser algo serio. No lo supe, porque decidí tomar mi distancia y alejarme.

“Si el honor y la victoria valen más que las personas, es que no hemos aprendido nada”

Nada de esto parecía real, ni posible. Afortunadamente, tampoco podía ser infinito.

Concluí el episodio justo como el coronel, preguntándome quién había ganado qué. ¿Era esta la tregua después de la batalla?.

Tampoco es que el asunto deba tener una explicación. Hay cosas que sólo pasan. Está en ti pasar de ellas.

Y continuar para quizás, algún día, poder llegar a casa.


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