Malas ideas

“Can I make it any more obvious?”

Siempre hay tiempo para las malas ideas, sin importar que éste no parezca suficiente y aquellas no tan buenas.

Entre las tareas, exámenes y prácticas de natación apenas tenía tiempo para algo más. Entonces se apareció mi prima Limbania, con compañía.

Hago esta aclaración porque de haber sido solamente mi prima seguramente no hubiera pasado nada. Mi relación con ella siempre ha sido distante, por decir lo menos. Si algo puedo decir es que es una prueba sólida de que esto del zodiaco es una ridiculez. No puede haber dos personas que compartan fecha de nacimiento que sean tan diferentes y que hagan que la interpretación zodiacal de la personalidad y los horóscopos tengan sentido. Si agregamos el exceso de protagonismo de su carácter, sólo resta decir que no me simpatizaba mucho, no teníamos intereses comunes, y que lo único que compartíamos, además del cumpleaños, era el vínculo familiar.

Resulta que ella estaba teniendo problemas con la escuela. Gran cosa, a todos nos pasa. Me pudo haber tenido sin el menor de los cuidados de no haber sido por la intervención de Santa Marina Viveros, patrona de las almas desamparadas y nuestra querida abuela.

Comencé a ayudarle con tareas y exámenes. Nada realmente complicado, hasta que un día llegó a la casa con su amiga _741114 para hacer un trabajo en equipo. Fue esta y otro par de coincidencias las que dieron lugar a una idea que no parecía tan mala entonces.

No se si lo que pasó después fue más que nada acomodado por mi prima, porque de otra forma dos personas como _741114 y yo no habríamos coincidido nunca. Es lo único que se me ocurre que pueda explicarlo.

Si bien _741114 me parecía bonita, no había nada más que decir del asunto; una chica como ella no se interesaría en una persona como yo, ni viceversa. Pero alguien pensó que había que averiguarlo.

Una tarde me habló mi prima para decirme que habían olvidado hacer un trabajo que se debía entregar al día siguiente. Me pidió que si les ayudaba. Estaba en casa de _741114. Dije que si. Comenzaba a anochecer y el tiempo apremiaba.

Tomé el carro de mi papá, que ya comenzaba a manejar, con permiso desde luego; cosa que no hice porque ya sabemos que estas cosas nunca comienzan pidiendo permiso. Llegué a su casa y pasamos al comedor. Mi prima no estaba; _741114 me dijo que tenía un plan con quien sabe quien pero que ella podía terminar el trabajo; o sea yo. Todo el asunto se veía sospechoso, pero ya estaba ahí así que había que aprovechar el tiempo, o algo así.

Mientras tanto, en mi casa ya estaban investigando la misteriosa desaparición del carro y del muchacho, que ciertamente nunca salía de su casa ni hacía ese tipo de cosas. Me cuentan que se hicieron las proverbiales llamadas a familiares y amigos. Desde luego que esto lo supe hasta después porque yo estaba ocupado en otras ideas.

Ese día por fin platicamos de nuestros gustos e intereses y esas cosas. Poco a poco me di cuenta que no coincidíamos en nada, que era como platicar con mi prima. Y pues claro ¿qué se podía esperar?
Afortunadamente el trabajo era una cosa trivial, como de alguna forma pasamos a ser también eso en la vida de cada quien. Una mala idea que previsiblemente nunca iba a funcionar.

Creo que recuerdo más el episodio por la reprimenda que me pusieron al regresar a casa y las disculpas que tuve que ofrecer a quienes importunaron por mi inusual desaparición. A todo el mundo le dije la verdad, y todo el mundo se extrañó y se divirtió con la idea, que ciertamente sólo se quedó en eso. Y en esta canción que comenzó a sonar en la televisión cuando salí veloz de mi casa.

(S)he wasn’t good enough…

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