La ocarina y la leyenda

“The light turned into a figure holding a green and shining stone, followed by a fairy…”

Andrés, la esencia tranquila que integra nuestro grupo, ha sido parte importante desde hace ya años; y estábamos destinados a compartir muchas aventuras, algunas veces marcadas por la tragedia.

Era final de semestre, y teníamos que presentar examen final de matemáticas, para el cual nos propusimos estudiar en mi casa. Tuvimos una semana para prepararnos, que era tiempo suficiente, mas no contábamos con un factor que habría de ser determinante en nuestra misión: la leyenda de Zelda.

Por aquél tiempo acababa de salir un videojuego que en el nombre llevaba el destino; uno de los juegos más completos hasta entonces, y que a la fecha ha sido catalogado como de los mejores de todos los tiempos; por medio de Iván, mi vecino, tocaba la puerta.

Andrés siempre ha tenido habilidad para los videojuegos, y sus talentos eran requeridos para que Iván pudiera continuar una parte del juego que se le dificultaba. Esa misma semana acudió a visitarme para que le ayudáramos, y quien tiene talento no habría de negarse para mostrarlo.

La verdad es que el reto era bastante difícil, y no me refiero en sí al juego, sino a la tentación de jugarlo en vez de asegurarnos de estudiar adecuadamente para el examen que se aproximaba. Pasamos tardes épicas recorriendo calabozos, resolviendo acertijos, derrotando mounstros y salvando al mundo. En ningún lugar del guión del juego decía que los héroes estudiaban para pasar sus examenes.

Al final supongo que Andrés también tuvo la habilidad para pasar el examen de matemáticas, mismo que yo trágicamente reprobé. Eso habría de condenarme a un año de clases de reposición después de la escuela para recursar la materia. En una vuelta irónica del destino, Andrés habría de reprobar también la materia de historia, cuenta la leyenda que por faltas, lo que habría de condenarlo a él también a la misma penitencia de un año. Después de todo, los héroes se acompañarían en las buenas y en las malas también.

Ese tiempo que pasamos después de clases y compartiendo cualquier cosa habría de ser muy relevante. Reprobar una materia era un costo muy pequeño comparado con el valor de una amistad que hasta ahora me acompaña. Ya se lo he perdonado, aunque por supuesto que no lo olvido, si no, no sería leyenda.

No hay héroes sin aventuras, ni aventuras sin tragedias; pero lo mejor, es que las aventuras que habrán de ser leyendas vienen siempre con grandes amistades.

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