Ritual en la Penumbra


Por fin había llegado, despues de haber transcurrido bastante tiempo en y en un lugar completamente desconocido fue que se dispuso el encuentro.
Ocurrió tiempo atras, que Ella le explicó que no podrían verse mas durante un tiempo, debía preparar todo para la ceremonia final, aquella por la que había esperado tantos años y que ahora inevitablemente se le presentaba como prueba de todo aquello para lo que había estado ensayando. Todo era de acuerdo a como se acostumbraba en esos lugares, la prueba definitiva de la llegada a la edad madura, sin embargo El desconocía todos los detalles de aquel ritual, y por alguna razón permanecían ocultos bajo un velo desconocido.
Después de aquella despedida El se alejó con un dejo de tristeza y melancolía por aquello que no entiendes pero que tienes que dejar que suceda.
Pacientemente El dejó que transcurriera el tiempo, a veces pensando en los motivos por los cuales no podían verse mas, e incluso si todo aquello había sido un engaño o un pretexto para decir adios sin despedirse.
Cuando trataba de pensar en la prueba se preguntaba que clase de circunstancias serían y cual sería su verdadero significado… ¿Y si ocultaba algo siniestro que Ella no quería que supiera? ¿Algo vergonzoso? No pudo saberlo, porque durante todo ese tiempo el guardó su promesa de mantener su distancia, muy a pesar de los verdaderos deseos de su corazón.
Un dia le llegó una invitación muy formal. El sobre traía el sello inconfundible del concilio que tantas veces había visto en documentos y libros de Ella. Se le solicitaba su presencia para la ceremonia de la que habían hablado. Venían instrucciones específicas respecto a la vestimenta y la entrada al recinto. Además venía un pañuelo morado cuidadosamente doblado que parecía no ser parte formal de la invitación. Tenía un aroma peculiar que al El le era bastante familiar y que alegro su corazón al percibirlo.
Ahí estaba, vestido de negro con el pañuelo aquel en la bolsa del saco sin saber exactamente lo que estaba sucediendo pero con la ansiedad de que aquel tiempo de incertidumbre había llegado a su fin.
Todos estaban congregados en un salón grande. La gente rodeaba todo el recinto sentada en gradas adornadas para la ocasión. Aquel salón tenía algo particular. Al centro tenía lo que parecía ser una pista de baile, pero con un razgo peculiar: Múltiples columnas se alzaban hasta el techo acomodadas ordenadamente.
El esperaba, junto con otros en un flanco de aquel grupo de columnas frente a una cortina negra que dividía aquel recinto de otro mas pequeño.
Todos guardaron silencio, la ceremonia acababa de comenzar. Se apagaron todas las luces y los reflectores iluminaron el centro del salón. Lentamente se descorrió la cortina negra y descubrió a un grupo de jovenes vestidas elegantemente pero con los ojos vendados.
A una señal, dieron un paso adelante y se colocaron frente al grupo donde El estaba.
Ella apareció frente a Él en un hermoso vestido morado, con un listón del mismo color cubriendo sus ojos.
Ella movíó su cabeza con desconcierto, buscando en la obscuridad. Luego bajó lentamente el rostro y con una leve sonrisa le dijo:
– Sabía que vendrías… Gracias por esperar.
El no cabia de emoción. Por fin estaban juntos de nuevo, aunque en circunstancias bastante peculiares. En ese momento se dió cuenta de que no tenía idea de su función en aquel ritual y que no sabía exactamente lo que tenía que hacer… Lo interesante apenas estaba por suceder y en cualquier momento podría arruinarlo todo. Un miedo indescriptible se apoderó de su ser.
A otra señal ambos dieron un paso adelante para quedar juntos de frente. Se acomodaron en espera de que comenzara la música. Ella susurró a su oido:
– ¿Confías en mi?
Aunque el tenía miedo, una sensación cálida y reconfortante hizo lugar en su corazón y le contestó afirmativamente.
– Yo tambien confío en ti- Dijo Ella con voz suave pero firme.- Yo conozco el camino, pero tu serás mis ojos.
Sin haber entendido mucho lo que sucedería, El se armó de valor y se preparó para lo que vendría.
La música comenzó y Ella lo empujo suavemente hacia el espacio entre una de las columnas. Avanzaron bailando hasta entrar en el laberinto de columnas. Varias parejas entraron a el y deberían tener cuidado de no encontrarse en el camino. Todas debían llegar al otro lado por caminos diferentes que al parecer habían sido trazados y practicados con anterioridad por ellas.
Ella marcaba marcaba los giros y el la llevaba por entre las columnas, cuidando el estilo además de no chocar. Al principio avanzaban con movimientos temerosos e inseguros. Sin embargo llegó la sincronía y la confianza mútua fueron formando una secuencia de giros y pasos con gracia y firmeza, avanzando poco a poco entre los pilares.
Finalmente llegaron al otro lado justo al terminar la música. Ella tenía una enorme sonrisa de satisfacción y El una mirada de incredulidad y asombro por lo que acababa de suceder. A una señal se le indicó que era momento de desatar el listón morado que cubría los ojos de Ella. Al parecer todo había terminado.
Finalmente pudieron fundirse en un abrazo, mientras un listón morado caía lentamente hacía el suelo…

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