Sin rumbo

“…rompió su corazón lamentando pensar que nunca volverá”

Las cosas no siempre son lo que parecen. El empleo en el supermercado tuvo un truco inicial: la tienda para la que me habían contratado no estaba terminada todavía, por lo que, en teoría, no había trabajo aún. Por supuesto que es algo que el sistema no puede permitir; algo había que asignar a estas personas mientras tanto. El supermercado era de los que requieren de una membresía para poder comprar, por lo que temporalmente podría dedicarles a esta labor: la clásica, aunque ya en desuso, venta de puerta en puerta.

Pensaba en esto mientras caminaba por las calles que me habían asignado. Era una labor que no me gustaba, y  con razón podía haberla rechazado argumentando que no era para lo que me habían contratado, ¿pero entonces que iba a hacer? Necesitaba el empleo, y seguro esto solo era temporal.

Me preguntaba si todavía estaba a tiempo de parar, si es que este no era el camino correcto.
Y regresar ¿pero hasta dónde? ¿Hasta qué punto podría regresar todavía? Si todo esto era un error, ¿en dónde había comenzado?

Las soluciones tampoco parecían estar en el retrovisor. O al menos eso creía, en parte porque volver requería tener el valor de admitir que me había equivocado, y decirlo de frente.

Entonces decidí que lo mejor sería no causar más daño. Algo había en esto de hacerse responsable de las decisiones y sus consecuencias.

El estoicismo de no volver y el de pasar el día tocando puertas.

Algunas personas preferimos ir siempre por el camino difícil.


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