Apariciones sorpresa

“Mr P…”

El tiempo seguía transcurriendo con rapidez a inicios de 1998. Por fin habíamos regresado de las vacaciones de diciembre y volvimos… pues a vernos. Un periodo vacacional en la escuela parecía trágico desde esa perspectiva. Los días se sucedían veloces y sin darnos cuenta estábamos nuevamente cerca de las vacaciones de semana santa; y no sólo esto, tu cumpleaños caería precisamente en los días de asueto.

No es que no hubiésemos previsto esto. Pocas cosas estaban bajo nuestro control, ya que de hecho pocas cosas eran realmente nuestras. Lo curioso es que todo el asunto era ya una cuestión de dominio popular. Convivíamos despreocupadamente con tu círculo de amistades, quienes asumían las cosas entre tú y yo, a falta de cualquier hecho que las desmintiera, y parecía que ni tú ni yo teníamos prisa. O no sabíamos qué era lo que seguía.

En este contexto nos encontrábamos el último viernes antes de salir de vacaciones. Caminamos a tu casa como todos los días y me despedí de ti. Al regresar sólo por la calle me encontraron un par de amigas tuyas. Me comentaron que estaban planeando una fiesta sorpresa para ti, sería ese mismo día por la tarde en casa de una de tus amigas. Me pidieron encarecidamente que no fuese a faltar.

Nunca tuve problemas con los permisos, pues en realidad no era un chico que saliera mucho; aún así me preguntaba cómo habría de hacer aquella tarde para salir de mi casa. Hasta entonces nunca me había vestido con la intención de verme bien o para agradarle a alguien. No sólo eso, prácticamente nos conocíamos sólo de uniforme escolar, por lo que ése era el día para causar una buena impresión.

Llegué sin problemas a la dirección que me indicaron. No tenía idea de lo que me habría de esperar en la fiesta, estaba increíblemente nervioso. Toqué la puerta y me abrió una señora, pregunté por tu amiga y me indicó que me pasara a la puerta de al lado, la cual daba a una cancha de squash que tenían.

¿Te acuerdas que días antes habíamos platicado de una canción que estaba de moda y que considerábamos simplona y molesta porque todo el mundo se la pasaba cantándola? Como si el destino hubiese querido retratar aquel momento con ironía, fue precisamente esta canción la que comenzó a sonar cuando entré por la puerta.

Gritos de emoción resonaron en las paredes de la cancha. Al fondo estaba ya todo el mundo, y por supuesto, también tú. El color en mi rostro debió haber sido uno muy intenso, pues una sensación cálida me recorrió instantáneamente de pies a cabeza mientras sonreía nerviosamente. Supongo que la reunión ahora sí estaba completa.

Jamás pensé que mi presencia pudiese causar esa reacción, pero definitivamente estaba muy feliz de poder estar contigo en ese momento. Después de haberme resignado a no verte por 2 semanas, vernos un par de horas más era todo lo que me importaba.

A veces lamento que una canción tan tonta esté asociada con un momento tan especial como éste. No siempre podemos escoger cómo se nos presentan las cosas en la vida, pero si como las recordamos.

No me queda más que sonreir, mientras mi corazón se mueve al ritmo de una de las canciones mas tontas que existen.

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1 Response

  1. Eliza says:

    Que simpático y que cierto, no siempre podemos elegir como se nos presentan las cosas, pero si como las recordamos…

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