Escape hacia las estrellas

“Ready to roll out!”

Nada como sumergirse en un ambiente espacial de batallas intergalácticas para escapar de la realidad.

De una forma u otra en ésas andábamos a finales de 1999. Mi papá acababa de entrar al área de soporte técnico en una empresa de ingeniería. Como dentro de todo círculo informático, las partidas de algún videojuego eran la norma de cuando en cuando para relajarse después de la jornada laboral.
En la tarde-noche de algunos días entre semana mi papá me llevaba a su trabajo para pasar un rato con el equipo. Ingresábamos al edificio y pasábamos a un área que me parecía súper secreta. Al final de un pasillo se encontraba una oficina con muchas computadoras. El olor a pizza y las bromas entre compañeros comenzaban a flotar en un ambiente de alta tecnología.

3, 2, 1 Despegue.

Destino: Starcraft.

Este juego de estrategia vino a revolucionar el género. Partidas ultra rápidas, unidades de combate con características especiales, estrategias distintas por cada raza, y por supuesto, la siempre indispensable participación de los humanos en asuntos interestelares para salvar al universo. Todo en un ambiente futurista y tecnológico, así como su excelente composición musical le daban al juego un gran atractivo. Incluso llegó a tener ligas profesionales de jugadores con torneos a nivel mundial, los primeros de su tipo.

Yo observaba fascinado desde mi asiento con un gran trozo de pizza como se iban desarrollando las batallas y evolucionando las tecnologías; me emocionaban los distintos personajes y sus habilidades, sin dejar de lado sus expresiones súper geniales:

“Did someone called for an exterminator?”

“Battlecruiser operational”

En fin, todo pasaba a una velocidad que me era un poco difícil de asimilar. No tenía las habilidades suficientes aún para jugar con el equipo, así que instalé el juego en casa para ir aprendiendo. Poco a poco me fui enganchando en el ambiente y llegué a dominar las estrategias sin ningún problema, aunque no a buen tiempo para alcanzar a jugar con ellos.

Fue cosa tal vez de meses por que mi papá cambió de trabajo y ya no volvimos a aquellas partidas. Yo continué jugando este juego por mucho tiempo, incluso esperando la tan ansiada secuela que llegó 10 años después, aunque ya no fue lo mismo.
Los nervios y la emoción siempre se me disparan cuando percibo el olor de una pizza de peperonni y escucho canciones futurístas.

“U wanna a piece o’me boy?”


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